El masaje sexual cumple tres funciones biológicas que el sexo directo no tiene:
Las llaves del masaje tántrico sexual
Bienvenido a mi blog. Hoy hablaremos de cómo integrar tu vida sexual en los masajes para mejorar tu rendimiento personal.
• Primero: Comunicación.
Sentirse escuchado y deseado al momento de recibir un masaje relajante es bastante reconfortante; permite que todo fluya y que nada se sienta actuado.
• Segundo: Alimentación del vínculo.
Permitir que tu intimidad sea transmitida de forma real, sin ser juzgado y de manera instantánea, ayuda a crear ese vínculo especial. Este «tesoro» es lo que convierte al masaje en una acción apasionante.
• Tercero: Ejecución del masaje.
Se trata de juguetear con el cuerpo a través de caricias lentas y suaves. El masaje tántrico tiene la particularidad de que, si la masajista tiene el cabello largo, este también cumple un papel sobre el cuerpo del masajeado. Al seguir con los ojos la expresión de las miradas y los gestos, se vive el sentimiento y la emoción de ambos en un espacio donde jamás se juzga.
El placer y la conexión energética
Cuando experimentamos el placer, se logra percibir esa necesidad de besos y caricias donde se une la distancia del cielo con la tierra. En ese estado, la hormona implicada (cortisol) se potencia en un 50%, convirtiéndose en un deleite que disminuye sustancialmente los agobios del día; al aumentar el ritmo cardíaco, pasamos a una masoterapia en puntos estratégicos del cuerpo para sincronizar la respiración y prolongar el «punto de no retorno», hasta que el orgasmo sea una parte natural del proceso.
La meta del masaje tántrico es el riego energético para desplazar el estrés, transformándolo en bienestar y llevando la mente y el cuerpo a una calma absoluta. Nos permite perdernos un rato en ese sueño que solo se logra con esta técnica.
Existen mil motivos para refugiarnos en el corazón, disfrutando de esa felicidad sensual y de los deleites que solo brinda la intimidad sexual de las caricias.
Es descubrir ese tesoro escondido, envolverse en vibraciones que se perciben con una intensidad juvenil y embriagadora de lo desconocido, donde los antojos sexuales son una locura.
Es sentir ese amor de nuestra primera vez que nos impulsa a seguir insistiendo, donde el silencio y las miradas ya saben lo que sentimos, confirmándolo con una sonrisa y preparándonos para una próxima cita.

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